10 de abril de 2008

Francisco Luis Bernárdez

Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,

que nuestros argumentos y razones,
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y en proporciones.

En el tablero de la vida vemos
empañados a dos que conocemos
a pesar de que no diferenciamos,

en un juego amoroso que sabemos,
sin ganador, porque los dos perdemos,
sin perdedor, porque los dos ganamos.

No hay comentarios: